Que es el Maestro Cristiano

DESCRIPCION: El maestro cristiano debe ser para su discipulo un maestro eficiente.

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La preparacion del maestro eficiente

En todo tiempo esta aprendiendo algo el buen maestro, siempre busca un significado positivo del porque de las cosas.

El resultado de una buena siembra.

Al final de cada objetivo o meta el maestro cosechara lo que con sabiduria sembro.

El maestro tambien sabe aprender

El resultado de la clase, el maestro identificara la parte ineficientes que debe mejorar (aprender).

martes, 25 de septiembre de 2012

La imagen de Dios en los seres humanos

La Biblia afirma que los seres humanos fueron creados a imagen de Dios. Génesis 1:26 presenta a Dios diciendo: "Hagamos al hombre [adám, "la humanidad"] a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (véase también 5:1). Otros pasajes de las Escrituras muestran claramente que los seres humanos, aunque desciendan de un Adán y una Eva caídos (en lugar de ser objeto de una creación inmediata por parte de Dios), siguen siendo portadores de la imagen divina (Génesis 9:6; 1 Corintios 11:7; Santiago 3:9).

Los términos hebreos de Génesis 1:26 son tselem y d'mut. La palabra tselem, usada dieciséis veces en el Antiguo Testamento, se refiere básicamente a una imagen o modelo de trabajo. La palabra d'mut, usada veintiséis veces, se refiere de manera diversa a similaridades visuales, auditivas y estructurales en un modelo, patrón o formato. En el resto de 1:26-28 se parecen explicar estos términos en el sentido de que la humanidad tenía la oportunidad de someter a la tierra (esto es, ponerla bajo su dominio a base de aprender sobre ella y usarla adecuadamente) y gobernar (de manera benevolente) sobre el resto de las criaturas de la tierra (véase también Salmo 8:5-8).

El Nuevo Testamento usa las palabras éikon (1 Corintios 11:7) y homóiosis (Santiago 3:9). La palabra éikon significa generalmente "imagen", "semejanza", "forma", "apariencia", a lo largo de toda su variedad de usos. La palabra homóiosis significa "parecido", "semblanza", "correspondencia". Puesto que es evidente que, tanto los términos del Antiguo Testamento como los del Nuevo, son amplios e intercambiables, debemos mirar mas allá de los estudios léxicos para determinar la naturaleza de la imagen de Dios.

Antes de afirmar lo que es la imagen de Dios, explicaremos brevemente lo que no es. La imagen de Dios no es una semejanza física, al estilo del punto de vista de los mormones, o de Swedenborg. La Biblia dice claramente que Dios, quien es un Espíritu omnipresente, no se puede limitar a un cuerpo físico (Juan 1:18; 4:24; Romanos 1:20; Colosenses 1:15; 1 Timoteo 1:17; 6:16). Es cierto que el Antiguo Testamento usa expresiones como "el dedo" o "el brazo de Dios" para hablar de su poder. También habla de sus "alas" y "plumas" para expresar su cuidado protector (Salmo 91:4), pero estos términos son antropomorfismos; figuras de dicción usadas para presentar una imagen sobre algún aspecto de la naturaleza o el amor de Dios. Dios le advirtió a Israel que no hiciera una imagen para adorarla, porque cuando le habló al pueblo en Horeb (el monte Sinaí), no vieron "ninguna figura" (Deuteronomio 4:15). Es decir, toda forma física seria contraria a lo que Dios es realmente.

Otro error, quizá una versión moderna de la mentira de la serpiente en Génesis 3:5, es que la imagen de Dios hace de los humanos "pequeños dioses". Ciertamente, "una exegesis y una hermenéutica sólidas son y siempre serán el único antídoto eficaz contra [éstas y otras] doctrinas 'nuevas', la mayoría de las cuales sólo son herejías antiguas".

Después de identificar las posiciones que hemos de evitar, dirigimos ahora nuestra atención al concepto bíblico de la imagen de Dios. Varios pasajes del Nuevo Testamento nos proporcionan los cimientos para nuestra definición de la imagen de Dios en la persona humana. En Efesios 4:23-24, Pablo les recuerda a los efesios que se les había enseñado a "renovarse en el espíritu de su mente, y vestirse del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad". En otro lugar, Pablo dice que la razón por la que tomamos decisiones morales correctas, es porque nos hemos revestido del nuevo hombre, "el cual conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta el conocimiento pleno" (Colosenses 3:10).

Estos versículos indican que la imagen de Dios tiene que ver con nuestra naturaleza moral-intelectual-espiritual. En otras palabras, la imagen de Dios en la persona humana es algo que somos, y no algo que tenemos o hacemos. Este concepto se halla en pleno acuerdo con lo que ya hemos dejado establecido como el propósito de Dios al crear a la humanidad. En primer lugar, Dios nos creó para conocerle, amarle y servirle. En segundo lugar, nos relacionamos con los demás seres humanos y tenemos la oportunidad de ejercer un dominio correcto sobre la creación de Dios. La imagen de Dios nos asiste precisamente en la realización de estas cosas.

Volvemos ahora nuestra atención a la naturaleza concreta de la imagen de Dios. Wiley distingue entre la imagen natural o esencial de Dios en el ser humano, y la imagen moral o incidental de Dios en él. Llamamos imagen natural de Dios a aquello que hace humanos a los humanos y, por consiguiente, los distingue de los animales. Aquí queda incluida la espiritualidad, o capacidad para sentir a Dios y tener comunicación con Él. Además de esto, Colosenses 3:10 indica que la imagen de Dios comprende el conocimiento, o el intelecto. Debido al intelecto que hemos recibido de Dios, tenemos de manera exclusiva la capacidad de comunicarnos inteligentemente con Dios, y entre nosotros, a un nivel totalmente desconocido en el mundo animal.

También, son los seres humanos los únicos en la creación de Dios que tienen la capacidad de ser inmortales. Aunque la comunión de Dios con la humanidad quedara rota en su caída (Génesis 3), la cruz de Cristo le dio entrada al medio que nos proporcionaría para siempre esa comunión con Dios. Por último, según el contexto de Génesis 1:26-28, no hay duda de que la imagen de Dios incluye un dominio provisional (con la responsabilidad de ejercer un cuidado correcto) sobre las criaturas de la tierra.


Con respecto a la imagen moral de Dios en los humanos, "Dios hizo al hombre recto" (Eclesiastés 7:29). Aun los paganos, que no tienen conocimiento de la ley escrita de Dios, tienen, sin embargo, una ley moral no escrita que Dios les ha grabado en el corazón (Romanos 2:14-15). En otras palabras, sólo los seres humanos poseen la capacidad de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, y el intelecto y la voluntad con capacidad para escoger entre ambos. Por esta razón, se dice con frecuencia que los seres humanos son agentes morales libres, o se dice que poseen autodeterminación. Efesios 4:22-24 parece indicar que la imagen moral de Dios, aunque no fue totalmente erradicada en la caída, ha quedado afectada negativamente en cierta medida. A fin de que su imagen moral sea restaurada "en la justicia y santidad de la verdad", el pecador debe aceptar a Cristo para convertirse en una nueva criatura.

Unas cuantas palabras finales en cuanto a la libertad volitiva de la que disfrutan los humanos. Los seres humanos caídos, aunque tengan libertad volitiva, son incapaces de decidirse por Dios. Por eso Dios les proporciona generosamente a los humanos una medida de gracia que los capacita y prepara para que respondan positivamente al evangelio (Juan 1:9; Tito 2:11). Dios se propuso tener comunión con aquellos humanos que decidiesen libremente responder a su llamado universal a la salvación. En consonancia con este propósito suyo, dotó a los seres humanos con la capacidad de aceptarle o rechazarle. La voluntad humana ha sido liberada lo suficiente para que pueda, tal como suplican las Escrituras, "volverse a Dios", "arrepentirse" y "creer". Por consiguiente, cuando cooperamos con el llamado del Espíritu y aceptamos a Cristo, esa cooperación no es el medio para la renovación, sino el resultado de esa renovación. Para los cristianos que crean en la Biblia, cualquiera que sea su persuasión, la salvación es externa al ciento por ciento (un don no merecido, procedente de un Dios misericordioso). Dios nos ha dado en su bondad lo que necesitamos para que se cumpla su propósito en nuestra vida: conocerle, amarle y servirle.

La unidad de la humanidad

La doctrina de la unidad de la humanidad sostiene que tanto los seres humanos masculinos como los femeninos de todas las razas tuvieron su origen en Adán y Eva (Génesis 1:27-28; 2:7, 22; 3:20; 9:19; Hechos 17:26). Está claro, a partir de Génesis 1:27, que tanto hombres como mujeres son imagen de Dios: "Varón y hembra los creó" (véase también Génesis 5:1-2). La idea es que todos los seres humanos de ambos sexos, de todas las razas, clases económicas y edades, llevan igualmente la imagen de Dios y, por lo tanto, son todos igualmente valiosos ante los ojos de Dios.

Puesto que la Biblia presenta ambos sexos de la raza humana como hechos a imagen de Dios, no tiene sentido que los hombres consideren a las mujeres como inferiores en algún sentido, o como miembros de segunda clase de la raza humana. La palabra "ayuda" Génesis 2:18) se utiliza con frecuencia para referirse a Dios (Éxodo 18:4), y no es indicación de que se trate de una categoría inferior. Igualmente, cuando el Nuevo Testamento coloca a las esposas en un papel de subordinación funcional con respecto a los maridos (Efesios 5:24; Colosenses 3:18; Tito 2:5; 1 Pedro 3:1), no hay por qué llegar a la conclusión de que las mujeres son inferiores a los hombres, o incluso de que, en general, las mujeres deban estar subordinadas a los hombres en cuanto a funciones (el esquema del Nuevo Testamento es que la esposa está subordinada a su propio esposo).

El verbo "someterse" (gr. hypotásso), usado en los cuatro pasajes anteriores que hablan de sumisión, es el verbo utilizado también en 1 Corintios 15:28, donde Pablo afirma que el Hijo "se sujetará" al Padre. No obstante, generalmente todos los creyentes entienden que se habla aquí de una sujeción administrativa; el Hijo no es inferior al Padre de ninguna manera. Podemos afirmar lo mismo con respecto a los pasajes sobre la esposa y el esposo. Aunque Dios haya dispuesto diferentes papeles funcionales para los diversos miembros de una familia, los miembros de la familia que desempeñaran papeles subordinados no tienen un valor personal inferior al de su líder administrativo. De hecho, el apóstol Pablo enseña que en Cristo no hay varón ni mujer (Gálatas 3:28). Todas las bendiciones, promesas y provisiones del reino de Dios están igualmente disponibles para todos.

Además de esto, no es posible sostener el racismo a la luz del origen de la raza humana en Adán y Eva. En lugar de centrarse en esto, la Biblia se centra en otras distinciones. Por ejemplo, los escritores del Antiguo Testamento utilizan "simiente", "descendencia" (tzera); "familia" "clan", "pariente" (mishpajá); "tribu" (matté, shavet) para hablar de divisiones generales a partir del linaje biológico; y "lengua" (lashón) para las divisiones a partir del idioma. Siguiendo un esquema similar, los escritores del Nuevo Testamento hacen referencia a "descendiente", "familia", "nacionalidad" (guénos); "nación" (éznos) y "tribu" (fylé).

Sencillamente, los escritores bíblicos no tenían preocupación alguna por la raza como distinción entre los seres humanos basada en el color y la textura del pelo, el color de la piel y de los ojos, las proporciones corporales y cosas similares. M. K. Mayers llega a esta conclusión: "La Biblia no hace referencia al término 'raza', no hay un concepto de raza desarrollado en ella." Por tanto, se deben rechazar los mitos raciales de que la maldición de Caín fue la que trajo a la raza negra al mundo, o de que la maldición de Caín fue la piel oscura. En lugar de esto, Génesis 3:20 se limita a declarar: "Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes."

En el Nuevo Testamento, el evangelio de Cristo invalidó todas las distinciones entre seres humanos, que durante el primer siglo eran muy importantes. Entre ellas estaban las divisiones que existían entre judíos y samaritanos (Lucas 10:30-35); entre judíos y gentiles (Hechos 10:34-35; Romanes 10:12); entre judíos e incircuncisos, bárbaros y escitas (Colosenses 3:11); entre hombres y mujeres (Gálatas 3:28) y entre esclavos y libres (Gálatas 3:28; Colosenses 3:11). En Hechos 17:26, Pablo dice: "Y [Dios] de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra." En el versículo siguiente señala el propósito de Dios al realizar este acto creador: "Para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle" (17:27). A la luz de pasajes como éstos, sería inútil tratar de sostener un punto de vista racista a partir de un supuesto apoyo bíblico.

Por ultimo, no puede haber categorías de valor entre los humanos a base de la posición económica o la edad. El propósito de Dios con respecto a los humanos es que lo conozcamos, amemos y sirvamos. Él nos hizo "capaces de conocerle y responderle. Ésta es la característica distintiva fundamental... que comparte toda la humanidad". Por consiguiente, se debe rechazar toda distribución o clasificación del valor intrínseco de cualquier grupo de seres humanos, por ser artificial y ajeno a las Escrituras.

El traducianismo

Strong cita al teólogo africano Tertuliano (alrededor de 160-230), Gregorio Niceno (330-alrededor de 3950) y Agustín (354-430), cuyos comentarios apoyan al traducianismo, aunque ninguno de ellos nos proporciona una explicación completa de este punto de vista. Más recientemente, los reformadores luteranos en general aceptaron el traducianismo. El término "traduciano" se deriva del verbo latino traducere, "llevar o cargar de un lado para otro, transportar, transferir".

Esta teoría sostiene que "la raza humana fue creada de manera inmediata en Adán, tanto con respecto al cuerpo, como al alma, y ambos se propagan a partir de él por medio de la generaci6n natural". En otra palabras, Dios proporcionó en Adán y Eva los medios por los cuales ellos (y todos los humanos) tendrían descendencia a su propia imagen, lo cual comprendería la totalidad de la persona, material e inmaterial.

Génesis 5:1 afirma: "El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo creó." En contraste con esto, Génesis 5:3 señala: "Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza." Dios les dio a Adán y a Eva el poder de engendrar hijos que fuesen iguales a ellos en cuanto a Composición. Nuevamente, cuando David dice: "En pecado me concibió mi madre" (Salmo 51:5), hallamos evidencias de que David había heredado de sus padres, en el momento de la concepción, un alma con tendencias a pecar.

Finalmente, en Hechos 17:26, Pablo declara: "Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres", con lo que afirma implícitamente que todo lo que constituye "humanidad" precede de Adán. Para los partidarios del traducianismo, el aborto en cualquier etapa de desarrollo del zigote, el embrión o el feto, constituye la destrucción de alguien que era plenamente humano.

Los que se oponen al traducianismo objetan que, al contender por la generación en los hijos, tanto del cuerpo como del alma, a partir de los padres, el alma ha quedado reducida a una sustancia material. Los traducianistas responderían que no es imprescindible llegar a esta conclusión. La Biblia misma no específica el proceso creador preciso que genera el alma.

Por consiguiente, debe permanecer en el misterio. Los oponentes del traducianismo objetan también que este requeriría que Cristo hubiere participado en la naturaleza pecaminosa al nacer de María. Los traducianistas responderían que el Espíritu Santo santificó cuanto Jesús recibió de María, y lo protegió de toda mancha en cuanto a las tendencias pecaminosas humanas.

La Teoría Creacionista

Según la teoría creacionista, "cada alma, de manera individual, debe ser considerada como una creación inmediata de Dios, que debe su origen a un acto creador directo". En cuanto al momento preciso en que es creada el alma, y cuando es unida al cuerpo sencillamente, las Escrituras no dicen nada. (Por esta razón, en este punto los análisis, tanto de sus partidarios como de sus antagonistas, son más bien vagos.)

Entre los que han apoyado esta idea se incluyen Ambrosio, Jerónimo, Pelagio, Anselmo, Tomas de Aquino y la mayoría de los teólogos católico-romanos y reformados. Las evidencias bíblicas utilizadas para sostener la teoría creacionista tienden a concentrarse en los pasajes de las Escrituras que le atribuyen a Dios la creación del "alma" o "espíritu" (Números 16:22; Eclesiastés 12:7; Isaías 57:16; Zacarías 12:1; Hebreos 12:9).

Algunos de los que rechazan la teoría creacionista señalan que las Escrituras afirman también que Dios creó el cuerpo (Salmo 139:13-14; Jeremías 1:5). Al respecto, afirma Augustus Strong: "No obstante, no dudamos en interpretar estos últimos pasajes como expresión de una creación mediata, no inmediata." Además de lo dicho, esta teoría no explica la tendencia de todos los humanos a pecar.

La Teoría de la pre-existencia

Según la teoría de la preexistencia, un alma creada por Dios en algún momento del pasado entra en el cuerpo humano en algún instante al principio del desarrollo del feto. Más concretamente, el alma de todas las personas tenía una existencia personal consciente en un estado previo. Estas almas pecan en diversos grados dentro de este estado preexistente, condenándose a "nacer a este mundo en un estado de pecado y en conexión con un cuerpo material".

El partidario cristiano más importante de este punto de vista fue Orígenes, el teólogo alejandrino (alrededor de 185-254). Éste sostenía que el estado presente que observamos ahora en nuestro ser (el individuo alma-cuerpo) sólo es una etapa en la existencia del alma humana. Hodge reflexiona sobre el concepto de Orígenes con respecto al Alma: "Ha pasado a través de otras épocas y formas de existencia innumerables en el pasado, y debe pasar por otras innumerables épocas más en el futuro."

Debido a sus insuperables dificultades, la teoría de la preexistencia nunca ha ganado muchos adeptos.

  1. Se basa en la noción pagana de que el cuerpo es intrínsecamente malo y, por tanto, la entrada del alma en él equivale a un castigo.
  2. La Biblia nunca habla de la creación de seres humanos antes de Adán, ni de apostasía alguna de la humanidad antes de la caída relatada en Génesis 3.
  3. La Biblia nunca atribuye nuestra situación pecaminosa del presente a ninguna otra fuente superior, mas que al pecado de Adán, nuestro primer padre (Romanes 5:12-21; 1 Corintios 15:22).

El origen del alma

Nadie discute en el campo de la medicina, o el de la biología, sobre el origen del cuerpo físico del ser humano. En el momento de la concepción, cuando el espermatozoide de origen masculino se une al óvulo femenino, la molécula de ADN que hay en cada una de las células se despliega para unirse con el ADN de la otra, formando una célula enteramente nueva (el zigote). Esta nueva célula viviente es tan diferente, que después de fijarse en la pared del útero, el cuerpo materno reacciona enviando anticuerpos para eliminar al desconocido intruso. Só1o una serie de rasgos protectores especiales innatos del nuevo organismo lo salvaguardan de la destrucción.

Por consiguiente, es incorrecto que las defensoras del aborto se refieran al embrión o feto en cualquiera de sus etapas, llamándole "mi cuerpo". El organismo que se está desarrollando dentro del vientre materno es, en realidad, un cuerpo individual y distinto. A partir de la concepción, este cuerpo distinto producirá más células, todas las cuales retendrán el esquema de cromosomas exclusivo del zigote original. Por tanto, está claro que el cuerpo humano tiene su origen en el acto de la Concepción.

El origen del alma es más difícil de determinar. Con el fin de llevar adelante el estudio que sigue, definiremos el alma como toda la naturaleza inmaterial del ser humano (abarcara los términos bíblicos "corazón", "riñones", "entrañas", "mente", "alma", "espíritu", etc.). Las teorías sobre el origen del alma orientadas por principios bíblicos son tres: preexistencia, creacionismo (Dios crea directamente cada alma) y traducianismo (cada alma se deriva del alma de sus padres).

El monismo

El monismo, como concepto sobre la realidad, se remonta "a los filósofos presocráticos que acudían a un solo principio unificador para explicar toda la diversidad de la experiencia observable". Sin embargo, es posible enfocar el monismo de una manera mucho más limitada, y eso hacemos cuando lo aplicamos al estudio de los seres humanos. Los teólogos monistas afirman que los diversos componentes de los seres humanos que se describen en la Biblia, forman una unidad radical indivisible. En parte, el monismo fue una reacción de la neo-ortodoxia contra el liberalismo, que había propuesto una resurrección del alma, y no del cuerpo. Sin embargo, como veremos, el monismo, aunque haya tenido razón en reaccionar contra los errores del liberalismo, tiene sus propios problemas.

Los monistas señalan que donde el Antiguo Testamento usa la palabra "carne" (basar), está claro que los escritores del Nuevo Testamento utilizan tanto "carne" (sárx) como "cuerpo" (sóma). Cualquiera de estos términos bíblicos se puede referir a la persona entera, porque en los tiempos bíblicos se veía a la persona como un ser unificado. Por tanto, según el monismo, debemos considerar a los seres humanos como unidades integradas, y no como diversos componentes que se pueden identificar de manera individual, con su propia categoría. Cuando los escritores bíblicos hablan de "cuerpo y alma... se debería considerar como una descripción exhaustiva de la personalidad humana. En la manera de concebirlo del Antiguo Testamento", cada ser humano individual "es una unidad psicofísica; carne animada por alma"

Por supuesto, la dificultad del monismo estriba en que no deja lugar para un estado intermedio entre la muerte y la resurrección física del futuro. Este concepto no se ajusta a numerosos pasajes de las Escrituras. Además, Jesús hablaba claramente del alma y el cuerpo como elementos separables cuando advirtió: "No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar" (Mateo 10:28).

Después de haber revisado diversos puntos de vista sobre el ser humano, y de haber observado los errores posibles en cada posición, estamos listos para formular una posible síntesis. Se ve que los escritores bíblicos usan los términos de maneras muy diversas. "Alma" y "espíritu" parecen ser sinónimos en ocasiones, mientras que en otros momentos está claro que son distintos. De hecho, son numerosos los términos bíblicos que describen a toda la persona humana, o el yo, entre los que están "hombre", "carne", "cuerpo" y "alma", además de la expresión compuesta "carne y sangre".

El Antiguo Testamento, quizá de una forma más obvia que el Nuevo, considera a la persona como un ser unificado. Los seres humanos son humanos, debido a todo lo que son. Forman parte del mundo espiritual y se pueden relacionar con la realidad espiritual. Son criaturas con emoción, voluntad y moral. Forman parte también del mundo físico y, por tanto, se les puede identificar como "carne y sangre" (Gálatas 1:16; Efesios 6:12; Hebreos 2:14). El cuerpo físico, creado por Dios, no es intrínsecamente malo, como sostenían los gnósticos (y como parecen creer algunos cristianos).

Las enseñanzas bíblicas acerca de la naturaleza pecaminosa de los seres humanos caídos afecta a todo lo que es un humano, y no sólo a uno de sus componentes. Además de esto, los seres humanos, tal como los conocemos, y como la Biblia los identifica, no pueden heredar el reino de Dios (1 Corintios 15:50). Primero, es necesario que tenga lugar un cambio esencial. También, cuando se marcha el componente inmaterial de un ser humano con la muerte, no se puede describir ninguno de los elementos separados como un ser humano. Lo que queda en el suelo es un cadáver, y lo que ha partido para estar con Cristo, es un ser inmaterial y sin cuerpo, o espíritu (lo cual es una existencia personal consciente pero no una existencia "plenamente humana"). En la resurrección del cuerpo, el espíritu será reunido con un cuerpo inmortal, transformado y resucitado (1 Tesalonicenses 4:13-17), pero aun así, nunca mas será considerado humano en el mismo sentido en que nosotros lo somos ahora (1 Corintios 15:50).

El concepto del ser humano como una unidad condicional tiene varias consecuencias. En primer lugar, lo que afecta a un elemento del ser humano afecta a toda la persona. La Biblia ve a la persona como un ser integral, "y cuanto toca a una de las partes, afecta al todo". En otras palabras, es de esperar que una persona con una enfermedad física crónica se vea afectada en sus emociones, en su mente y en su capacidad para relacionarse con Dios de la manera acostumbrada. Erickson observa: "El cristiano que anhele estar espiritualmente sano, debe prestar atención a cuestiones como la dieta, el descanso y el ejercicio." De igual manera, una persona que está pasando por ciertas tensiones mentales, podrá manifestar síntomas fiscos, o incluso enfermedades corporales.

En segundo lugar, no se debe pensar en el concepto bíblico de la salvación y de la santificación como el colocar al cuerpo con su maldad bajo el control del espíritu, con su bondad. Cuando los escritores del Nuevo Testamento hablaban de la "carne" en sentido negativo (Romanes 7:18; 8:4; 2 Corintios 10:2-3; 2 Pedro 2:10), se estaban refiriendo a la naturaleza pecaminosa, y no concretamente al cuerpo físico. En el proceso de la santificación, el Espíritu Santo renueva a la persona entera. Ciertamente, somos toda una "nueva criatura" en Cristo Jesús (2 Corintios 5:17).

EL dicotomismo

Los dicotomistas sostienen que los elementos constitutivos de los seres humanos son dos: material e inmaterial. Los que proponen este concepto señalan que en ambos Testamentos se utilizan a veces las palabras "alma" y "espíritu" de manera intercambiable. Este parece ser el caso con la colocación paralela de "espíritu" y "alma" en Lucas 1:46-47: "Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador" (véase también Job 27:3).

Además de esto, parece posible deducir de numerosos pasajes una división de los seres humanos en dos, en la que "alma" y "espíritu" serian sinónimos. En Mateo 6:25, Jesús dice: "No os afanéis por vuestra vida (psyjé), qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir."

En Mateo 10:28, Jesús declara de nuevo: "Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar." En cambio, en 1 Corintios 5:3, Pablo habla de estar "ausente en cuerpo" (sóma), pero "presente en espíritu" (pnéuma), y está claro que los dos aspectos abarcan a la persona entera. Además, hay momentos en los que perder el pnéuma significa la muerte (Mateo 27:50; Juan 19:30), con tanta seguridad como sucede cuando se pierde la psyjé (Mateo 2:20; Lucas 9:24).

El dicotomismo es "probablemente el punto de vista más ampliamente sostenido a lo largo de la mayor parte de la historia del pensamiento cristiano". Los que sostienen este punto de vista, como les sucede a los tricotomistas, son capaces de presentar y defender su concepto sin derivar en errores. Pearlman afirma: "Ambos puntos de vista son correctos cuando se les entiende de manera adecuada." No obstante, es posible que aparezcan errores cuando se pierde el equilibrio entre los componentes del dicotomismo.

Los gnósticos adoptaron un dualismo cosmológico que marcó profundamente su punto de vista sobre los seres humanos. Afirmaban que el universo estaba dividido en dos partes: una inmaterial, espiritual, que era intrínsecamente buena, y otra material y física, que era intrínsecamente mala. Estos dos aspectos del universo estaban separados por un abismo insalvable. Paradójicamente, los seres humanos están formados por ambos componentes. Como consecuencia de esta naturaleza dualista innata, los seres humanos podían reaccionar de dos formas:

  1. pecar a su gusto, porque el espíritu, que es bueno, nunca se mancharía con el cuerpo, que es malo, o
  2. castigar al cuerpo por medio de la disciplina ascética, porque es malo.

Pasando a la era moderna, Erickson cita dentro de la teología liberal errores como los que siguen:

  1. algunos liberales creen que el cuerpo no es una parte esencial de la naturaleza humana; esto es, que la personal puede funcionar muy bien sin él, y
  2. otros liberales llegan al extremo de sustituir la doctrina bíblica de la resurrección del cuerpo por la resurrección del alma

El tricotomismo

Los tricotomistas sostienen que los elementos constitutivos del ser humano son tres: cuerpo, alma y espíritu. La parte física de los seres humanos es la parte material de su constitución que los une con todas las cosas vivientes; esto es, con las plantas y los animales. Se puede describir, tanto a las plantas, como a los animales y a los seres humanos, en función de su existencia física.

Se describe el "alma" como el principio de la vida física, o animal.
Los animales poseen un alma básica, rudimentaria, puesto que dan evidencias de tener emociones, y en Apocalipsis 16:3 se los describe con el término psyjé (véase también Génesis 1:20, donde se les describe como nefesh jayyá, "almas vivientes", en el sentido de "seres vivos" con una cierta medida de personalidad). En parte, los seres humanos y los animales se distinguen de las plantas por su capacidad de expresar su personalidad individual.

En cuanto al "espíritu", se lo considera como aquel poder superior que coloca a los seres humanos en el ámbito de lo espiritual y los capacita para tener comunión con Dios. Se puede distinguir al espíritu del alma en que el espíritu es "el asiento de las cualidades espirituales del individuo, mientras que los rasgos de personalidad residen en el alma". Aunque es posible distinguir el espíritu y el alma, no es posible separarlos. Pearlman afirma: "El alma sobrevive a la muerte porque recibe del espíritu su energía; con todo, el alma y el espíritu son inseparables, porque el espíritu se halla entretejido en la urdimbre misma del alma. Se hallan fundidos y soldados en una sola sustancia."

Entre los pasajes que parecen apoyar el tricotomismo, se halla 1 Tesalonicenses 5:23, donde Pablo pronuncia esta bendici6n: "Todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." En 1 Corintios 2:14 — 3:4, Pablo habla de los seres humanos, llamándolos sarkikós (literalmente, "carnal", 3:1, 3), psyjikós (literalmente, "dominado por el alma", 2:14) y pneumatikós (literalmente, "espiritual", 2:15). Estos dos pasajes hablan claramente de tres componentes elementales. Hay otros pasajes que parecen hacer una distinción entre el alma y el espíritu (1 Corintios 15:44. Hebreos4:12).

El tricotomismo ha sido bastante popular en los círculos protestantes conservadores. Sin embargo, H. O. Wiley señala que pueden aparecer errores cuando se pierde el equilibrio en diversos componentes del tricotomismo. Los gnósticos, un grupo religioso sincretista de los primeros tiempos, que adopto elementos tanto del paganismo como del cristianismo, sostenían que, al ser el espíritu el que emanaba de Dios, era incapaz de pecar. Los apolinaristas, un grupo herético del siglo cuarto condenado por varios concilios eclesiásticos, pensaban que Cristo poseía un cuerpo y un alma, pero que el espíritu humano había sido reemplazado en Él por el Lógos divino. Pláceo (1596-1655 6 1665), de la escuela de Saumur, en Francia, enseñaba que sólo el pnéuma era creado directamente por Dios. Según pensaba Pláceo, el alma sólo era la vida animal, y perecía junto con el cuerpo.

Los componentes básicos de los seres humanos

¿Cuales son los componentes básicos que forman al ser humano? La respuesta a esta pregunta suele comprender un estudio sobre los términos "mente", "voluntad", "cuerpo", "alma" y "espíritu". De hecho, los escritores bíblicos utilizan una amplia variedad de términos para describir los componentes elementales del ser humano.

La Biblia habla de "corazón", "mente", "riñones", "lomos", "hígado", "partes interiores" e incluso "entrañas" como componentes de las personas que contribuyen a su capacidad distintivamente humana para reaccionar ante determinadas situaciones. El hebreo utilizaría la palabra "corazón" (lev, levav) para referirse al órgano físico, pero con mayor frecuencia, en el sentido abstracto que denotaría la naturaleza interna, la mente interna o los pensamientos, los sentimientos íntimos o emociones, los impulsos profundos, e incluso la voluntad. En el Nuevo Testamento, "corazón" (kardía) también se podía referir al órgano físico, pero significa principalmente la vida interior con sus emociones, pensamientos y voluntad, así como el lugar donde habitan el Señor y el Espíritu Santo.

Los escritores del Antiguo Testamento también utilizaban el término kilyá, "riñones", para referirse a los aspectos íntimos y los secretos de la personalidad. Por ejemplo, Jeremías se lamenta ante Dios con respecto a la falta de sinceridad de sus compatriotas. "Cercano estás tu en sus bocas, pero lejos de sus riñones" (Jeremías 12:2, traducción literal). En Nuevo Testamento se usa nefroi, "riñones", una sola vez (Apocalipsis 2:23), cuando Jesús le advierte al ángel de la iglesia de Tiatira: "Todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña riñones y corazones" (literal).

Algunas veces, los escritores del Nuevo Testamento utilizaron la palabra splanjna, "entrañas" ("intestinos", 1 Juan 3:17), para referirse a la actitud de una persona. Jesús "tuvo compasión" ante la multitud (Marcos 6:34; véase también 8:2). En estos pasajes, el significado parece ser "misericordia llena de amor". En un lugar, splanjna parece ser paralelo en significado a kardía, "corazón" (2 Corintios 6:12); en otro, aparece donde esperaríamos la palabra pnéuma ("espíritu", 2 Corintios 7:15).

Los escritores del Nuevo Testamento hablaban también con frecuencia De la "mente" (nús, diánoia) y la "voluntad" (zélema, búlema, búlesis). La "mente" es la facultad de la percepción intelectual, además de la capacidad Para alcanzar juicios morales. En ciertas apariciones dentro del pensamiento Griego, la "mente" parece un concepto paralelo al término lev, "corazón", en el Antiguo Testamento. En otras ocasiones, es evidente que los griegos distinguían entre ambos (véase Marcos 12:30). En cuanto a la "voluntad", "se puede presentar la voluntad humana, o volición, por una parte, como un acto mental dirigido hacia el libre albedrío. En cambio, por otra, puede estar motivada por un anhelo que ejerce su presión desde el inconsciente". Puesto que los escritores bíblicos utilizan estos términos de maneras diversas (tal como lo hacemos nosotros en el lenguaje diario), es difícil decidir con exactitud a partir de las Escrituras dónde termina la "mente" y comienza la "voluntad".

Es evidente que muchos de los términos que hemos estudiado son algo ambiguos y, ciertamente, coinciden al menos parcialmente a veces. Ahora dirigimos nuestro estudio a los términos "cuerpo", "alma" y "espíritu". ¿Es posible incorporar todos los términos mencionados anteriormente a componentes como "alma" y "espíritu"? ¿O bien, una división así sería artificial, y lo mas que podemos esperar es una división entre lo material y lo inmaterial?

Los escritores bíblicos tenían una amplia variedad de términos entre los cuales podían escoger al referirse al "cuerpo". Los hebreos podían hablar de la "carne" (basar, sh'er); "alma" (nefesh), para referirse al cuerpo (Levítico 21:11; Números 5:2, donde el significado es el de un "cuerpo muerto"), y "fortaleza" (m’od), con el significado de la "fortaleza" de nuestro cuerpo (Deuteronomio 6:5). Los escritores del Nuevo Testamento hablaban de la "carne" (sarx, que a veces tomaba el significado del cuerpo físico), la "fortaleza" (isjs) del cuerpo (Marcos 12:30), o, mas frecuentemente, del "cuerpo" (sóma), que aparece 137 veces.

Para hablar del alma, el término principal de los hebreos era nefesh, que aparece 755 veces en el Antiguo Testamento. Lo mas frecuente es que esta palabra de amplio significado quiera decir sencillamente la "vida", el "yo" la "persona" (Josue' 2:13; 1 Reyes 19:3; Jeremías 52:28). Cuando es utilizada en este sentido amplio, nefesh describe lo que somos: somos almas, somos personas (en este sentido, no "poseemos" alma ni personalidad). A veces, nefesh se puede referir a "la voluntad o deseo" de una persona (Génesis 23:8; Deuteronomio 21:14). Sin embargo, en ocasiones toma la connotación de ese elemento que hay en los seres humanos, que posee diversos apetitos o hambres. Con este término, los escritores del Antiguo Testamento se referían al hambre física (Deuteronomio 12:20), al impulso sexual (Jeremías 2:24) y a un anhelo moral (Isaías 26:8-9). En Isaías 10:1 aparece nefesh junto con "carne" (basar), evidentemente para denotar a la persona total.

Los escritores del Nuevo Testamento utilizaron en ciento una ocasiones la palabra psyjé para describir el alma de la persona humana. En el pensamiento griego, el "alma" podía ser (1) el asiento de la vida, o la vida misma (Marcos 8:35); (2) la parte interior del ser humano, equivalente al yo, la Persona o la personalidad (la Septuaginta traduce veinticinco veces el hebreo lev, "corazón", con el término psyjé); o (3) el alma, en contraste con el cuerpo. ES probable que el vocablo psyjé, como elemento conceptual de los seres humanos, significara "visión interior, voluntad, disposición, sensaciones, poderes morales"1 (Mateo 22:37). Sin embargo, no es fácil trazar líneas claramente divisorias entre los numerosos significados de esta palabra.

Al hablar del espíritu, los hebreos usaban ruáj, un término que aparece 387 veces en el Antiguo Testamento. Aunque el significado básico de este termino es "aire en movimiento", "viento" o "aliento", ruáj también denota "toda la conciencia inmaterial del hombre" (Proverbios 16:32; Isaías 26:9). En Daniel 7:15, el ruáj se halla contenido en su "envoltura" corporal. J. B. Payne señala que tanto el nefesh como el ruáj pueden dejar el cuerpo al llegar la muerte y, sin embargo, existir en un estado separado de él (Génesis 35:18; Salmo 86:13).

Pasando al Nuevo Testamento, el término pnéuma, también con el significado básico de "viento" o "aliento", se refiere al "espíritu" del hombre o la mujer. Es ese poder que experimentan las personas como el que las relaciona "con el ámbito espiritual, el ámbito de la realidad que se halla más allá de la observaci6n ordinaria y del control humano". Es decir, que el espíritu enlaza a los seres humanos con el ámbito de lo espiritual y los ayuda en su interacción con el mismo. Sin embargo, en otros usos, cuando tiene lugar la muerte, el espíritu se marcha y el cuerpo deja de ser la expresión visible de toda la persona (Mateo 27:50; Lucas 23:46; Hechos 7:59).

Después de este breve estudio de los términos bíblicos, permanecen en pie algunas preguntas: ¿Cuales son los elementos constitutivos más básicos de los seres humanos? ¿Se podrán asimilar todos los términos estudiados dentro de las categorías de cuerpo, alma y espíritu? ¿Deberíamos hablar sólo de lo material, en oposición a lo inmaterial, o deberíamos ver a los seres humanos como una unidad y, por tanto, como indivisibles?

El origen de la humanidad

Los escritores bíblicos sostienen de manera constante que Dios creó a los seres humanos. Los pasajes de las Escrituras que tratan sobre los detalles con mayor precisión indican que Dios creó al primer hombre directamente, a partir del polvo (húmedo) de la tierra. Aquí no hay lugar para el desarrollo gradual a partir de formas de vida mas sencillas, hacia otras más complejas, y culminando con los seres humanos. En Marcos 10:6, Jesús mismo afirma: "Al principio ['desde el principio', KJV] de la creación, 'varón y hembra los hizo Dios'."

No cabe duda alguna de que la evolución está en desacuerdo con el relato bíblico. La Biblia indica claramente que el primer hombre y la primera mujer fueron creados a imagen de Dios, al principio de la creación (Marcos 10:6), y no fueron tomando forma a lo largo de millones de años de procesos macroevolutivos.

En un asombroso pasaje, el Génesis relata la creación especial de la mujer por parte de Dios: "Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer" (2:22). Aquí, la palabra original traducida "costilla" es tselá, un término usado sólo en este lugar del Antiguo Testamento para referirse a un componente anatómico humano. En los demás lugares, la palabra significa el costado de una colina, quizá un risco o una terraza (2 Samuel 16:13), los lados del arca del pacto (Éxodo 25:12,14), una cámara lateral en un edificio (1 Reyes 6:5; Ezequiel 41:6), las hojas de una puerta plegable (1 Reyes 6:34).

Por tanto, la palabra podría tener el significado de que Dios tomó parte del costado de Adán, incluyendo huesos, carne, arterias, venas y nervios, puesto que más tarde el hombre dirá que la mujer es "hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Génesis 2:23). La mujer fue hecha "del mismo material" que el hombre (es decir, que compartía su misma esencia). Además, este pasaje (y otros) señala con claridad que la mujer fue objeto de la actividad creadora directa de Dios, tal como lo había sido el hombre.

La terminología bíblica sobre la humanidad

Los escritores del Antiguo Testamento tenían a su disposición numerosos términos cuando describían al ser humano. Quizá el más importante, que aparece quinientas sesenta y dos veces, es adam. Esta palabra se refiere a la humanidad (en la que se incluyen tanto hombres como mujeres), como la imagen de Dios y el punto culminante de la creación (Génesis 1:26-28; 2:7). La humanidad fue creada después de celebrarse un consejo divino especial (v. 26), según el prototipo divino (vv. 26-27), y fue colocada en una posición exaltada por encima del resto de la creación (v. 28). Los escritores bíblicos empleaban la palabra adam con el significado de "humanidad" (como sustantivo) o de "humano" (como adjetivo). Con menor frecuencia, la palabra se refiere al ser humano llamado Adán.

Otro término genérico, que aparece cuarenta y dos veces en el Antiguo Testamento, es enosh, una palabra cuyo significado principal es el de "humanidad" (Job 28:13; Salmo 90:3; Isaías 13:12). En ocasiones, la palabra se puede referir a una sola persona, pero sólo en el sentido más general (Isaías 56:2). El término ish, que aparece dos mil ciento sesenta veces en el Antiguo Testamento, es un término más especializado, que se refiere al hombre como varón, o esposo, aunque algunas veces el escritor usa ish para hablar de la "humanidad" en general, especialmente cuando quiere distinguir entre Dios y ella. Los escritores del Antiguo Testamento utilizaron el termino guéver sesenta y seis veces para describir juventud y fortaleza, usándolo a veces hasta para referirse a mujeres y niños. Hay una palabra relacionada, guibbor, cuyo significado típico tiene que ver con hombres poderosos; guerreros o héroes.

Pasando al Nuevo Testamento, hallamos el término ánzropos, que significa "humanidad" en términos generales, para distinguir a los humanos de los animales (Mateo 12:12); los ángeles (1 Corintios 4:9); Jesucristo (Gálatas 1:12, aunque Él es el ánzropos de Filipenses 2:7 y 1 Timoteo 2:5); y Dios (Juan 10:33; Hechos 5:29). La palabra anzrópino también separa a la humanidad de los animales en el orden creado por Dios (Santiago 3:7); además de distinguir en ocasiones entre los humanos y Dios (Hechos 17:24-25; 1 Corintios 4:3-4). Algunas veces, Pablo usa anzrópinos, con la connotación de las limitaciones inherentes al ser humano (Romanos 6:19; 1 Corintios 2:13).

Debido al uso genérico de términos como adam, enosh y ánzropos, los creyentes deben tener cuidado a la hora de desarrollar doctrinas que distingan entre los papeles masculinos y femeninos. Numerosas versiones modernas no distinguen entre los términos generales y los términos que especifican género. Incluso cuando se usan palabras orientadas de manera más específica al género (como ish o guéver en el Antiguo Testamento, y onér en el Nuevo), es posible que la enseñanza no se limite al género al que se está dirigiendo, porque muchas veces las palabras se superponen en cuanto a su significado. Por ejemplo, aun la palabra "hermanos" (adelfói), normalmente un término específico para un género, incluye de manera implícita con frecuencia también a las "hermanas".

Con frecuencia, los escritores bíblicos describen a la humanidad como un conjunto de criaturas llenas de pecado, y necesitadas de redención. Ciertamente, no podemos estudiar a la humanidad en la Biblia en un sentido abstracto porque las afirmaciones acerca de ella "siempre son en parte pronunciamientos teológicos". En resumen, es bastante típico de los escritores bíblicos el que representen a la humanidad pervirtiendo el conocimiento de Dios en rebelión contra su ley (Génesis 6:3,5; Romanos 1:18-32; 1 Juan 1:10). Por consiguiente, Jesús hace un llamado universal al arrepentimiento (Mateo 9:13; Marcos 1:15; Lucas 15:7; Juan 3:15-18), como hacen varios autores del Nuevo Testamento. Ciertamente, "Dios ha colocado a los seres humanos en el centro mismo de su atención, a fin de redimirlos para si y habitar con ellos para siempre".

Armonización de conceptos

Si todos los intentos actuales por lograr una armonía entre la Biblia y la ciencia están plagados de dificultades, ¿por que tenerlos en cuenta? En primer lugar, algunas preguntas necesitan una respuesta, y estamos convencidos de que, al ser Dios un Dios veraz y constante (Números 23:19; Tito 1:2; Hebreos 6:18; 1 Juan 5:20; Apocalipsis 6:10), su Palabra está de acuerdo con su mundo. En segundo lugar, la Biblia misma parece evocar evidencias para apoyar creencias (Hechos 1:3; 1 Corintios 15:5-8; 2 Pedro 1:16; 1 Juan 1:1-3); parece sugerir que necesitarnos tener algo inteligente que decir con respecto a la ciencia y a ella misma, si se nos pregunta (Colosenses 4:5-6; Tito 1:9; 1 Pedro 3:15; Judas 3).

Aunque con dificultad, los intentos evangélicos anteriores por lograr una armonía hacen mucho en cuanto a responder las preguntas, tanto de santos como de pecadores. En resumen, los principios básicos en los cuales están de acuerdo los defensores de todos los puntos de vista son los siguientes:

  1. La generación espontánea de la vida a partir de la falta de vida es imposible. Los que tratan de crear vida en un tubo de ensayo "marcan las cartas" de manera poco honrada a su favor.
  2. Las variaciones geneáticas parecen tener límites; no se presentan en todas direcciones, y las mutaciones son casi siempre dañinas.
  3. La mejor explicación de la diferenciación entre especies tiene que ver con el aislamiento ecológico, y no con unos procesos macroevolutivos.
  4. El registro fósil contiene vacíos entre las formas principales de organismos vivos; vacíos que no son capaces de producir ningún tipo de eslabones perdidos (los cuales deberían estar presentes por miles, si la evoluci6n fuese cierta).
  5. La mejor manera de explicar la homología (las similaridades observadas en los organismos vivos) se halla en función de un diseño inteligente, y del uso intencionalmente repetido de modelos; no en unos supuestos antepasados comunes.

Por tanto, el estudio de los creacionistas ha generado varias respuestas importantes a las preguntas que se están haciendo. Sin embargo, sería útil que los partidarios de todos estos puntos de vista reconocieran sencillamente que las Escrituras no hablan en apoyo de sus modelos de la manera concreta en que ellos querrían que lo hiciesen. Debemos tener el cuidado de dar reconocimiento pleno a las limitaciones y al estado caído de la humanidad (Jeremías 17:9; 1 Corintios 2:14; Tito 1:15-16). No se puede considerar al pensamiento humano como una capacidad neutra, objetiva y eficaz en sí misma y por sí misma.

Así nos lo recuerda Eta Linnemann, convertida del método de interpretación histórico-crítico a una fe salvadora: "La regulación necesaria del pensamiento debe tener lugar a través de la Santa Escritura. Ella es la que controla los procesos mentales. El pensamiento debe subordinarse a la Palabra de Dios. Si brotan las dificultades, no ha de poner en duda la Palabra de Dios, sino su propia sabiduría." El Espíritu Santo usa la Palabra, y este principio orientador es capaz de soportar la prueba del tiempo.

viernes, 21 de septiembre de 2012

El creacionismo progresivo

El creacionismo progresivo. El último de los modelos propuestos por los evangélicos es el creacionismo progresivo, o teoría de los días-eras. Los que apoyan este modelo sostienen que los días de creación de que habla Génesis 1 connotan periodos superpuestos de tiempo indeterminado. Lo típico de los partidarios de una creación progresiva es señalar la presencia de pasajes en el Antiguo Testamento, donde la palabra "día" significa algo más amplio que un día literal de veinticuatro horas. Hacen notar que entre los sucesos de Génesis 2:7-23 se incluye la puesta de nombre a los animales y las aves, que tuvo lugar al final del sexto "día". Creen que Dios creó diversos prototipos de plantas y animales durante diferentes etapas superpuestas, y a partir de allí, los procesos de microevolución han producido la variedad de flora y fauna que observamos hoy.

Los partidarios de la creación progresiva suelen rechazar la macroevolución y hacer la observación de que los científicos están poniendo cada vez más en tela de juicio "la legitimidad de la extrapolación de las observaciones sobre la microevolución a una macroevolución". También, reconocen que las genealogías que aparecen en la Biblia no tienen intención la construcción de una cronología exacta.

Muchos consideran que Génesis 1 fue escrito desde el punto de vista de un hipotético observador situado en la tierra. El versículo 1 sólo pone de relieve que todo tuvo un verdadero principio, y que Dios es el Creador de todo. El versículo 2 describe la tierra como carente de formas (tales como continentes y montañas) y sin habitantes. Es decir, Dios no creó la tierra con gente ya en ella. Los versículos 3 y 4 hablan de la creación de la luz, sin indicar la fuente. El versículo 5 indica que la tierra rotaba sobre su eje. Los versículos 6 al 8 describen la formación de la atmósfera, con un manto de nube que cubría el océano original.

Los versículos 9 y 10 describen la formación de diversas cuencas oceánicas y la primera masa de tierra, o continente. Los versículos 11 al 13, en una expresión sumaria, hablan de los diferentes actos iniciales de creación de vida en el planeta. Los versículos 14 al 19 proporcionan un relato de la creación del sol, la luna y las estrellas, los cuales habrían sido visibles por vez primera en la tierra, debido al menos a una abertura inicial en el manto de nube. El resto de Génesis 1 revela los distintos actos creativos finales en la creación progresiva de Dios, todos los cuales es posible que hayan tenido lugar al ir pasando el tiempo.

Muchos partidarios de la creación progresiva creen que aun estamos viviendo en el sexto día de la creación y que el día de descanso sabático de Dios tendrá lugar en el estado eterno. Otros creen que estamos en el séptimo día de la creación, porque la palabra "descansó" significa "ceso", y no se indica que haya terminado el día séptimo en Génesis 2:3. No hay nada en la Biblia que indique que Dios está creando nuevos universos en el presente.

Los partidarios de la creación progresiva dicen que, debido a que los cristianos son los administradores de la creación de Dios (Génesis 1:28), y a que "los cielos cuentan la gloria de Dios" (Salmo 19:1), la búsqueda de conocimientos científicos debería estar "orientada hacia Dios", en lugar de estar orientada hacia las cosas, o hacia el conocimiento en sí. Rechazan la perspectiva humanista, mecanicista y naturalista que predomina en la ciencia contemporánea. No obstante, aunque rechacen las filosofías y especulaciones de los científicos naturalistas, están dispuestos a volver a examinar las Escrituras si alguna interpretación previa de la creación se basa en teorías que quedan claramente desacreditadas por los datos descubiertos en la investigación científica.

Estos creacionistas consideran los depósitos fósiles conservados en los estratos geológicos como testigo silencioso del paso de períodos de tiempo más con todo, reconocen que los fósiles, en sí, descienden en línea directa desde los tiempos mas remotos. Con respecto a la teoría de una tierra joven, un partidario del creacionismo progresivo dice: "Puesto que no es capaz de manejar satisfactoriamente una multitud de datos relevantes, el modelo reciente de creación y diluvio universal no puede… explicar una amplia diversidad de fenómenos geológicos."

El creacionismo progresivo tiene tres puntos débiles importantes. En primer lugar, algunos de sus partidarios ponen demasiada confianza en la capacidad de la ciencia para reconocer la verdad. Por ejemplo, Hugh Ross nos presenta una alternativa al "punto de vista de una sola revelación", en el cual la Biblia es la única fuente de verdad con autoridad. En lugar de esto, propone "una teología de doble revelación", en la cual se interpreta la Biblia (una forma de revelación) a la luz de lo que nos dice la ciencia (otra forma de revelación con una autoridad igual a la primera). En resumen, los partidarios de una creación progresiva que proponen este punto de vista tienden a violar el principio de Sola Scriptura de la Reforma. Sin embargo, sí reconocen que "el teísmo cristiano se halla en confrontación directa con el monismo naturalista de la mayor parte de los evolucionistas", y también les preocupa mantener "la integridad bíblica del relato del Génesis". Muchos de estos creacionistas rechazan el punto de vista de otros dentro de su propio campo, quienes sostienen que la revelación de Dios en la naturaleza tiene la misma autoridad que Biblia.

El segundo punto débil del creacionismo progresivo se relaciona con el primero. Cuando sus partidarios rechazan la creación por decreto porque se basan en una ciencia que ellos consideran obsoleta, hay el peligro de que el péndulo se vaya muy lejos en el sentido contrario, trayendo como consecuencia una dependencia excesiva desde el punto de vista hermenéutico de la ciencia actual. Si esto sucede, podría producir una " viuda teológica" (esto es, una interpretación teológica basada en una teoría científica ya abandonada) en la próxima generación. J. P. Moreland, filósofo evangélico, nos recuerda que la ciencia existe en un constante estado de movimiento.

Lo que se considera verdadero hoy, es posible que no sea considerado bajo la misma luz dentro de cincuenta años. Moreland señala que la ciencia ha cambiado tanto en los últimos doscientos años, que no es correcto hablar de un cambio en la forma en que ésta mira al mundo y proporciona soluciones a sus problemas, sino más bien de un abandono absoluto de teorías antiguas, y formas antiguas de ver el mundo, a favor de otras nuevas, aun cuando la terminología permanezca inalterada. Lo mismo les sucederá a las teorías sostenidas actualmente.

El tercer punto débil del creacionismo progresivo consiste en que, una vez que se asignen los estratos geológicos a largas eras de deposición gradual, no queda evidencia clara alguna de un diluvio universal, fuera de la propia Biblia (Génesis 6:7,13,17; 7:19-23; 8:9,21; 9:15-16). Muchos científicos evangélicos que son partidarios de la creación progresiva se atienen a explicaciones de algún tipo sobre un diluvio localizado.

El creacionismo por decreto

El creacionismo por decreto. Otro punto de vista entre los cristianos evangélicos de hoy es el creacionismo por decreto, conocido también como la teoría de la tierra joven. Los que sostienen el creacionismo por decreto piensan que se deben interpretar las Escrituras de manera literal cada vez que sea posible, a fin de llegar a la intención-verdad original del autor. Por consiguiente, los partidarios de la creación por decreto sostienen que se pueden hacer cálculos generales a partir de la fecha de la construcción del templo en 1 Reyes 6:1 (966-967 A.C.), que nos remontarían hasta la creación de Adán en el sexto día de la semana creadora. Aun cuando los escritores bíblicos no hubiesen tenido la intención de que se realizaran cálculos matemáticos de esta índole, con todo, puesto que la Palabra de Dios es inerrante, los resultados serian exactos. Por tanto, estos versículos parecerían indicar que la tierra no tiene más de diez mil años de edad, a lo sumo.

Los partidarios de la creación por decreto sostienen que Dios creo el universo por medio de un fíat suyo (Lat., "hágase", un decreto inmediato y sobrenatural). No necesitó millones, ni miles de millones de años para realizar sus propósitos. Los que apoyan este punto de vista dicen que los días de la creación en Génesis 1 se deben tomar corno días, en el sentido en que se entiende el término corrientemente, puesto que esta es la forma en que los hebreos entendieron el término. Éxodo 20:11, al explicar el motivo por el cual se debía guardar el sábado, afirma: "En seis días hizo Jehová" los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día" (véase también Marcos 2:27). Es inconcebible, afirman los partidarios del creacionismo por decreto, que Dios le hubiera comunicado esto a Moisés si, en realidad, sus actos creadores de Génesis 1 habían tornado miles de millones de años.

Los partidarios de la creación por decreto ponen en tela de juicio las edades tan antiguas a las que se ha llegado por medio de diversas formas de fijación de fechas por métodos radiométricos. En primer lugar, nunca será posible probar las siguientes suposiciones del sistema de medición radiométrica: (1) que Dios no creó la tierra con lugares radioactivos donde hubiera elementos hijos (elementos que también son producto de la desintegración radioactiva) ya presentes; (2) que la velocidad de desintegración radioactiva haya sido constante durante cuatro mil quinientos millones de años; y (3) que no haya existido filtramientos de elementos base o hijos en cuatro mil quinientos millones de años. En segundo lugar, los trabajos recientes en el campo de la física nuclear parecen poner una interrogante sobre el sistema de fechar con uranio-238. Y en tercer lugar, la fijación de fechas por métodos radiométricos no es de fiar porque, según el método que se utilice, se puede "demostrar" que la tierra tiene desde cien hasta millones de años de existencia. Por consiguiente, los diversos métodos son fuertemente incoherentes entre sí.

Además de esto, los partidarios de la creación por decreto creen que Dios creo la biosfera entera en un estado maduro y en pleno funcionamiento (con humanos y animales adultos; árboles maduros que producían frutos, etc.), e hizo lo mismo con el universo físico (la atmósfera, el suelo rico en nutrientes con materia orgánica muerta en él, la luz de las estrellas ya alcanzaba a las estrellas, etc.). Henry Morris llama a esto el estado de "plenitud funcional". Por consiguiente, aun cuando los partidarios de esta idea acepten que se producen mutaciones (que casi siempre son dañinas) y variaciones horizontales (como las variedades caninas), niegan que haya tenido lugar jamás una macroevolución.

Por ultimo, los partidarios de la creación por decreto sostienen la mayor parte de los estratos que tienen fósiles, o todos ellos, fueron depositados durante el diluvio de Noé, o inmediatamente después, mientras las aguas se retiraban. El diluvio de Noé fue un suceso catastrófico de dimensiones mundiales, precipitado por el desbordamiento de las aguas subterráneas, junto con el derrumbe de un dosel de vapor de agua que en un tiempo rodeaba el planeta. Por consiguiente, los estratos fósiles sirven en realidad para dos propósitos teológicos: (1) son silencioso testimonio de que Dios no permite que el pecado sin arrepentimiento continué de manera indefinida su desenfreno, y (2) dan testimonio de que Dios destruyó todo el mundo en el pasado en un acto de juicio, y de que, con toda certeza, puede hacerlo en el futuro.

El modelo de deposición durante el diluvio requiere que los dinosaurios y los seres humanos modernos hayan caminado sobre la tierra al mismo tiempo. Sin embargo, es posible que los seres humanos de aquellos tiempos no supieran de la existencia de los dinosaurios (así como la mayor parte de la gente de hoy nunca ha visto un oso o un gran felino salvaje). Los dinosaurios eran herbívoros antes de la caída, como lo eran todos los animales de la tierra (Génesis 1:29-30; véase 9:1-3). En el reino futuro ideal de Dios, los animales no se devorarán entre si (Isaías 11:6-9; 65:25), y es posible que regresen al estado en que se encontraban antes de la caída. Por tanto, es típico de los que sostienen el creacionismo por decreto el sostener que no había muerte en la creación "buena en gran manera" de Dios, antes de la caída de los seres humanos en Génesis 3 (véase Romanos 5:12-21; 1 Corintios 15:21-22). Los partidarios del creacionismo por decreto señalan también que todos los modelos que hablan de una tierra vieja deben explicar la carnicería anterior a la caída en su teoría.

El creacionismo por decreto, como todos los otros puntos de vista tiene sus problemas. Algunos de los que proponen la teoría de la tierra joven, ansiosos por reforzar su argumento con evidencias, tienen la tendencia de abrazar los hallazgos sin una mente crítica. Esto era especialmente cierto hace un buen número de años. Por ejemplo, hubo una ocasión en que los creacionistas por decreto le dieron publicidad al hallazgo de unas supuestas huellas humanas fosilizadas en el lecho del río Paluxy, en Texas. Las investigaciones posteriores de los creacionistas pusieron en duda la identidad de estas huellas, y posteriormente se retiraron los materiales publicados acerca de ellas. Ha habido otros casos similares, como la aceptación por parte de algunos partidarios del creacionismo con una tierra joven, de una reducción de tamaño en el sol, y una reciente disminución en la velocidad de la luz, por un factor de diez millones. Con toda justicia hemos de decir que gran parte de la crítica y el rechazo de estas supuestas evidencias a favor de una tierra joven proceden del mismo campo del creacionismo por decreto.

Otra debilidad del creacionismo por decreto se manifiesta en la Tendencia a utilizar una interpretación totalmente estricta de las Escrituras. No reconoce que las palabras hebreas puedan tener más de un significado, tal como les sucede a las de los idiomas modernos. Sin embargo, algunos han utilizado este tipo de métodos con el fin de hallar apoyo para los principios de una tierra joven. Por supuesto, otra debilidad consiste en el marcado desacuerdo con todas las formas de fijación de fechas por medios radiométricos, así como el rechazo de los datos no radiométricos que parecen indicar que la tierra es más vieja.


La Teoría de la interrupción

Los defensores de la teoría de la interrupción sostienen que hubo una "creación primitiva" en el pasado remoto, y a ésta se refiere Génesis 1:1. Isaías 45:18 dice: "Porque así dijo Jehová, que creo los cielos; el es Dios, el que formo la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano [heb. tohú, desordenada], para que fuese habitada la creo." Este versículo, al hablar de los teóricos de la interrupción, demuestra que no se puede tomar el significado de Génesis 1:2 como relacionado con que la creación original de Dios estuviese desordenada [heb. Tolú] y vacía, sino que había un buen orden creado, que contenía uniformidad, complejidad y vida.

Los partidarios de la teoría de la interrupción proponen que Satanás, quien habría sido un arcángel antes de su caída, gobernaba esta tierra preadámica en un reinado que originalmente era perfecto. Entonces, se rebeló, junto con las ciudades y naciones de la población preadámica. En ese momento la tierra (su dominio) fue maldita y destruida por una inundación (a cuyos restos se refiere Génesis 1:2, al hablar de "la faz del abismo"). Este versículo señala que "la tierra estaba desordenada y vacía". Arthur Custance sostiene que la frase "desordenada y vacía" se refiere a un vacío arruinado y devastado, como consecuencia de un juicio y, por tanto, se debería traducir como "una ruina y una desolación".

Los teóricos de la interrupción citan Isaías 24:1 y Jeremías 4:23-26 como evidencias de este cataclísmico juicio de Dios (aunque estos pasajes se refieren al juicio futuro). En cuanto al Nuevo Testamento, afirman que las palabras de Jesús en Mateo 13:35, "desde la fundación del mundo", significan literalmente "desde el derrocamiento del mundo". 2 Pedro 3:6-7 no se referiría tampoco al diluvio de Noé (se dice que el contexto es "el comienzo de la creación"), sino que se referiría al primer diluvio, que habría destruido el mundo preadámico.

Algunos defensores de la teoría de la interrupción señalan al rebhiá, acento disyuntivo introducido por los rabinos de la Edad Media entre Génesis 1:1 y 1:2 para indicar la presencia de una subdivisión.6 Asimismo, la conjunción hebrea vav puede significar "y", "pero" o "ahora bien". Los teóricos de la conjunción prefieren leer el versículo dos de esta forma: "La tierra se volvió sin forma y vacía", aunque admiten que la Biblia no nos dice cuánto tiempo paso mientras la tierra se hallaba en este estado caótico, o de interrupción, entre Génesis 1:1 y 1:2. H. Thiessen dice: "El primer acto creador tuvo lugar en el pasado inmemorial, y entre él y la obra de los seis días hay lugar amplio para todas las eras geológicas."

Sin embargo, los teóricos de la interrupción sostienen que Dios comenzó finalmente el proceso creativo de nuevo en la neo-creación o reconstrucción de Génesis 1:3-31.3 Afirman también que el lenguaje de los pasajes "hizo Dios" permite que se trate de una re-creación o una remodelación del universo, y no tienen que limitarse a sucesos ocurridos por vez primera. Algunos teóricos de la interrupción toman los "días" de la creación como días de veinticuatro horas. Otros consideran los "días" de Génesis 1 como periodos de una extensión indefinida.

Entienden que las palabras de Génesis 1:28, "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra", sugieren en realidad no un llenarla, sino un volverla a llenar, con lo que se querría decir que la tierra había estado llena anteriormente, y ahora necesitaba que se la llenara de nuevo. Algunos señalan el hecho de que Dios emplea esta misma palabra cuando le ordena a Noé que "llene" la tierra en Génesis 9:1.

Además de esto, el pacto de Génesis 9:13-15 (donde Dios promete que "no habrá más diluvio de aguas para destruir a toda carne"), pondría sugerir que Dios había utilizado esta forma de juicio en mas de una ocasión.

Se toman los fósiles humanos más antiguos, junto con los fósiles de dinosaurio, como evidencias de este mundo preadámico. La nota de la Biblia Scofield explica: "Releguemos a los fósiles a la creación primitiva, y no queda conflicto alguno entre la ciencia y la cosmogonía del Génesis."

G. H. Pember afirma:
Entonces, puesto que los restos fósiles pertenecen a criaturas anteriores a Adán y, sin embargo, muestran evidentes huellas de enfermedad, muerte y destrucción mutua, deben haber pertenecido a otro mundo, y tener una historia propia manchada por el pecado; una historia que terminó en su propia ruina y la del lugar donde habitaban.

A pesar de todo, la teoría de la interrupción presenta varios puntos débiles. El idioma hebreo no da lugar a una interrupción de millones o miles de millones de años entre Génesis 1:1 y 1:2. Tiene una forma especial que indica secuencia, y comienza a usar esa forma a partir del versículo tres. Nada indica secuencia entre el 1:1 y el 1:2. Por tanto, muy bien se podría traducir el 1:2 de esta forma: "Ahora [esto es, en el momento del principio], la tierra carecía de forma y estaba vacía de habitantes."

Hoy en día, los eruditos en Antiguo Testamento suelen reconocer que Génesis 1:1 funciona como una declaración resumida e introductoria sobre la creación, sobre la cual amplía detalles el resto del capítulo. El versículo no describe a un mundo preadámico, sino que le presenta al lector el mundo que Dios creó sin forma y vacío. Esto es, Dios no creó la tierra con su forma presente de continentes y montañas, ni la creó con gente ya en ella. En los tres primeros días, le dio forma a su creación; en los días del cuarto al sexto, la llenó. El resto de la Biblia mira estos días como creación; no como una re-creación.

Además de esto, los verbos bará, yastar y asá son utilizados en un paralelismo sinónimo en diversos pasajes del Génesis y de otros libros de la Biblia. Debemos ser cautelosos al asignarles un significado ampliamente distinto a estos verbos, simplemente porque está mas de acuerdo con una cierta teoría armonizadora. Además, el termino "llenar" (1:28) no significa "volver a llenar" algo que ya ha estado lleno anteriormente; solamente significa "llenar". También, la palabra "estaba" del versículo dos ("la tierra estaba desordenada y vacía") no se debe traducir como "se convirtió" o "se había vuelto", como sostienen los teóricos de la interrupción.

Por ultimo, la teoría de la interrupción se derrota a sí misma. Al relegar todos los estratos que contienen fósiles al mundo preadámico, con el fin de armonizar Génesis 1 con los datos científicos, elimina toda evidencia de una catástrofe acuática global en los tiempos de Noé. Custance, el defensor más técnico de la teoría de la interrupción en la segunda mitad del siglo veinte, notó esta dificultad y optó por un diluvio local en Mesopotamia y los lugares que la rodean. Sin embargo, Génesis 6:7, 13,17; 7:19-23; 8:9,21 y 9:15-16, dicen claramente que el diluvio tuvo una extensión universal.


La cosmogonía bíblica y la ciencia moderna

Algunos críticos de la Biblia sostienen que no hay manera de reconciliar la cosmogonía bíblica (su concepto sobre el origen y el desarrollo del universo) con lo que reconoce hoy la comunidad científica. Algunos eruditos bíblicos, tomando literalmente numerosas figuras literarias del Antiguo Testamento, sostienen que los hebreos creían que el universo estaba formado por una tierra plana, sostenida por "pilares" colosales, sobre un abismo acuoso llamado "lo profundo". El "firmamento" (cielo)5 encima de ella era un arco sólido que contenía las aguas que se hallaban sobre la tierra (y que de vez en cuando caían a través de "ventanas" que había a en el arco). Algunos sostienen que los personajes del Antiguo Testamento creían que el sol, la luna y las estrellas se hallaban todos en el mismo plano dentro de este arco situado sobre la tierra.

H. J. Austel, razonando contra esta interpretación excesivamente literal de los pasajes del Antiguo Testamento, explica: "El uso de un lenguaje figurado de este tipo no exige más la adopción de una cosmología pagana, de lo que el uso moderno del término 'levante' indica ignorancia astronómica. Con frecuencia, las imágenes son fenomenológicas, y esto es conveniente, al mismo tiempo que vívidamente lleno de fuerza."

Sin embargo, aun cuando resolvamos el problema del lenguaje figurado, siguen existiendo algunas dificultades. ¿En quo" lugar de la cosmología bíblica colocamos a los fósiles del dinosaurio? ¿Hay alguna evidencia a favor de un diluvio universal sólo unos cuantos miles de años antes de Cristo? ¿Es cierto que la tierra tiene cuatro mil quinientos millones de anos? La mayor parte de los evangélicos, convencidos de que el mundo de Dios está de acuerdo con la Palabra de Dios, buscan respuestas a estas penetrantes preguntas, y a otras.

Hablando en términos generales, los cristianos evangélicos siguen uno de los cuatro modelos que intentan proporcionar una armonización entre la revelación especial de Dios (la Biblia) y su revelación general (lo que observamos hoy en el universo). Estos puntos de vista son (1) la evolución teísta; (2) la teoría de la interrupción, llamada también el concepto de ruina y reconstrucción; (3) el creacionismo por decreto, llamado también teoría de la tierra joven; y (4) el creacionismo progresivo, llamado también teoría de los días-épocas.

Examinaremos brevemente todos los anteriores, con la excepción de la evolución teísta. El estudio de ésta no sirve aquí a ningún propósito útil, porque básicamente, sus partidarios aceptan todo lo que propone el evolucionismo secular, con la condición de que se indique que Dios estaba supervisando todo el proceso. Los partidarios de la evolución teísta niegan, como es de esperar, que se usen yatsar y asá en una forma paralelamente sinónima en los relatos de la creación, sino que en lugar de esto, incluyen el concepto de una evolución que ha tenido lugar a lo largo de largos eones de tiempo.

Además de esto, necesitaremos hacer ciertas generalizaciones en nuestro estudio. Aunque un escritor no represente de manera adecuada de cierto modelo el consenso en todos los detalles dentro del modelo, por la brevedad, podemos permitir que ese escritor represente a todos, de una manera general. En realidad, no hay un solo autor que este de acuerdo con todas las conclusiones a las que llegan los demás que sostienen el mismo punto de vista. Por ultimo, muchos autores no especifican la identidad de su modelo general.

Dejando a un lado la evolución teísta por el momento, los otros tres puntos de vista están de acuerdo en que la macroevolución, la transmutación de un tipo de organismo en otro tipo mas complejo (esto es, la evolución entre especies), nunca ha tenido lugar (como que un reptil se haya convertido en ave, o un mamífero de tierra se haya convertido en mamífero acuático). No obstante, los tres puntos de vista están de acuerdo en que se ha tenido lugar una macroevolución, una serie de cambios pequeños dentro de los organismos (esto es, la evolución dentro de una misma especie, como el cambio de color en las polillas, el cambio de longitud en el pico o en el color del plumaje de las aves, o la variedad que observamos en los seres humanos, todos los cuales son descendientes de Adán y Eva). Los tres puntos de vista están de acuerdo en que se debe adorar a Dios como el Creador, y en que El, sobrenaturalmente, y sin la interrupción de ninguna otra causa o agente (por medio de actos creadores distintos y sobrenaturales), creó a los antepasados genéticos de los grandes grupos de organismos vegetales y animales que observamos hoy. Finalmente, los tres puntos de vista están de acuerdo en que los seres humanos derivan su valor, o dignidad, del hecho de haber sido creados directamente a imagen de Dios. En el estudio que sigue, debemos mantener siempre presentes las zonas de acuerdo citadas en este párrafo.

El propósito de la actividad creadora de Dios

La creación fue un acto de la voluntad libre de Dios. Él era libre para crear o no crear. La creación comunico la bondad divina en un acto de generosidad. Génesis 1 indica que todos los actos creadores de Dios condujeron a la creación de Adán y Eva. Muestra también una correspondencia del primer día con el cuarto, el segundo con el quinto, y el tercero con el sexto. El primer día y el segundo describen cada uno un acto creador, y el tercero describe dos actos diferentes. Los días cuarto y quinto describen un acto creador cada uno de ellos, mientras que el sexto día describe dos actos creadores distintos. Se pueden notar un progreso y una culminación que van conduciendo a la creación de la humanidad. Todo esto demuestra que Dios creo según un plan que fue llevando a su terminación. Esto nos anima a creer que llevara" a cabo su plan de redención hasta su consumación en el regreso de Jesucristo. Existió una relación entre gracia y naturaleza en las cosas creadas, y en el orden providencial de Dios.

Dicho en otras palabras, Dios tenía un plan Salvador eterno para sus criaturas, y la creación progresa hacia su propósito definitivo. Antes de la creación del universo, Dios se había propuesto tener un pueblo en comunión con El, dentro de la relación de un pacto (2 Corintios 5:5; Efesios 1:4)- Tomás Oden observa: "La verdadera historia con respecto a la creación se refiere a la relación entre la criatura y el Creador, y no a las criaturas en si, como si debiésemos considerar la creación como un valor autónomo, independiente y no derivado en sí mismo."

Dios tenia un reino preparado para aquéllos que le respondiesen positivamente, desde (o "antes de") la creación del mundo (Mateo 25:34)- El propósito eterno de Dios para con su creación se realizó a través de la obra mediadora de Jesucristo (Efesios 3: 10-1 1), planificada también desde antes de la creación (Apocalipsis 13:8). Este propósito divino y eterno se verá consumado en el "cumplimiento de los tiempos" (Efesios 1:10). Entonces, todo estará sometido a una cabeza: Jesucristo. Este pasaje nos proporciona el verdadero fin, o propósito, de la creación: "que Dios sea conocido".

Reflexionando sobre ese momento en que quede realizado el propósito sitio de Dios con respecto a su creación, Pablo escribe: "Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse" (Romanos 8:18). A continuación señala que toda la creación gime, mientras espera ansiosa ese momento (8:19-22). De hecho, a pesar de las bendiciones que han recibido, los creyentes también gimen, mientras esperan ansiosos ese acontecimiento (8:23-25). Con todo, mientras tanto, "sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28). El hecho de que los seres humanos tengan la posibilidad de amar a Dios lleva implícita la realidad de que la humanidad fue creada con libre albedrío.

Puesto que toda la creación señala hacia el propósito Salvador de Dios, esperaríamos encontrar en ese propósito divino la provisión de una salvación suficiente para toda la humanidad, en la que se incluya un llamado universal a la salvación. Los propósitos salvadores de Dios también tuvieron por consecuencia la creación de una criatura con libre albedrío.

Como corolario natural a la obra creadora "buena en gran manera" de Dios, la creación le proporciona gloria a Dios de manera irresistible (Salmos 8:1; 19:1).3 Las Escrituras afirman también que, por medio de la creación y el asentamiento de la naci6n de Israel, Dios recibiría gloria (Isaías 43;7; 60:21; 61:3). Entonces, por extensi6n, el Nuevo Testamento afirma que todos los que tomen provecho del plan de Dios, serán "para alabanza de su gloria" (Efesios 1:12,14). De igual manera, Colosenses 1:16 afirma: "Todo fue creado por medio de 61 y para 61" Además de esto, debido al maravilloso plan de Dios en la creación, los veinticuatro ancianos lo adoran y le dan la gloria debida a su nombre (Apocalipsis 4:11).

Por ultimo, puesto que en el prop6sito de Dios para con su creación se incluye un momento de consumaci6n, debemos tener presente que esta creación es transitoria. La segunda epístola de Pedro, 3:10-13, describe un momento en el que los cielos y la tierra se disolverán, mientras que Isaías 65:17 y Apocalipsis 21:1 hablan de un nuevo cielo y una nueva tierra en cumplimiento del plan de Dios.

martes, 18 de septiembre de 2012

La teoría de la interrupción

Los defensores de la teoría de la interrupción sostienen que hubo una "creación primitiva" en el pasado remoto, y a ésta se refiere Génesis 1:1. Isaías 45:18 dice: "Porque así dijo Jehová, que creo los cielos; el es Dios, el que formo la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano [heb. tohú, desordenada], para que fuese habitada la creo." Este versículo, al hablar de los teóricos de la interrupción, demuestra que no se puede tomar el significado de Génesis 1:2 como relacionado con que la creación original de Dios estuviese desordenada [heb. Tolú] y vacía, sino que había un buen orden creado, que contenía uniformidad, complejidad y vida.

Los partidarios de la teoría de la interrupción proponen que Satanás, quien habría sido un arcángel antes de su caída, gobernaba esta tierra preadámica en un reinado que originalmente era perfecto. Entonces, se rebeló, junto con las ciudades y naciones de la población preadámica. En ese momento la tierra (su dominio) fue maldita y destruida por una inundación (a cuyos restos se refiere Génesis 1:2, al hablar de "la faz del abismo"). Este versículo señala que "la tierra estaba desordenada y vacía". Arthur Custance sostiene que la frase "desordenada y vacía" se refiere a un vacío arruinado y devastado, como consecuencia de un juicio y, por tanto, se debería traducir como "una ruina y una desolación".

Los teóricos de la interrupción citan Isaías 24:1 y Jeremías 4:23-26 como evidencias de este cataclísmico juicio de Dios (aunque estos pasajes se refieren al juicio futuro). En cuanto al Nuevo Testamento, afirman que las palabras de Jesús en Mateo 13:35, "desde la fundación del mundo", significan literalmente "desde el derrocamiento del mundo". 2 Pedro 3:6-7 no se referiría tampoco al diluvio de Noé (se dice que el contexto es "el comienzo de la creación"), sino que se referiría al primer diluvio, que habría destruido el mundo preadámico.

Algunos defensores de la teoría de la interrupción señalan al rebhiá, acento disyuntivo introducido por los rabinos de la Edad Media entre Génesis 1:1 y 1:2 para indicar la presencia de una subdivisión.6 Asimismo, la conjunción hebrea vav puede significar "y", "pero" o "ahora bien". Los teóricos de la conjunción prefieren leer el versículo dos de esta forma: "La tierra se volvió sin forma y vacía", aunque admiten que la Biblia no nos dice cuánto tiempo paso mientras la tierra se hallaba en este estado caótico, o de interrupción, entre Génesis 1:1 y 1:2. H. Thiessen dice: "El primer acto creador tuvo lugar en el pasado inmemorial, y entre él y la obra de los seis días hay lugar amplio para todas las eras geológicas."

Sin embargo, los teóricos de la interrupción sostienen que Dios comenzó finalmente el proceso creativo de nuevo en la neo-creación o reconstrucción de Génesis 1:3-31.3 Afirman también que el lenguaje de los pasajes "hizo Dios" permite que se trate de una re-creación o una remodelación del universo, y no tienen que limitarse a sucesos ocurridos por vez primera. Algunos teóricos de la interrupción toman los "días" de la creación como días de veinticuatro horas. Otros consideran los "días" de Génesis 1 como periodos de una extensión indefinida.

Entienden que las palabras de Génesis 1:28, "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra", sugieren en realidad no un llenarla, sino un volverla a llenar, con lo que se querría decir que la tierra había estado llena anteriormente, y ahora necesitaba que se la llenara de nuevo. Algunos señalan el hecho de que Dios emplea esta misma palabra cuando le ordena a Noé que "llene" la tierra en Génesis 9:1.

Además de esto, el pacto de Génesis 9:13-15 (donde Dios promete que "no habrá más diluvio de aguas para destruir a toda carne"), pondría sugerir que Dios había utilizado esta forma de juicio en mas de una ocasión.

Se toman los fósiles humanos más antiguos, junto con los fósiles de dinosaurio, como evidencias de este mundo preadámico. La nota de la Biblia Scofield explica: "Releguemos a los fósiles a la creación primitiva, y no queda conflicto alguno entre la ciencia y la cosmogonía del Génesis."

G. H. Pember afirma:

Entonces, puesto que los restos fósiles pertenecen a criaturas anteriores a Adán y, sin embargo, muestran evidentes huellas de enfermedad, muerte y destrucción mutua, deben haber pertenecido a otro mundo, y tener una historia propia manchada por el pecado; una historia que terminó en su propia ruina y la del lugar donde habitaban.

A pesar de todo, la teoría de la interrupción presenta varios puntos débiles. El idioma hebreo no da lugar a una interrupción de millones o miles de millones de años entre Génesis 1:1 y 1:2. Tiene una forma especial que indica secuencia, y comienza a usar esa forma a partir del versículo tres. Nada indica secuencia entre el 1:1 y el 1:2. Por tanto, muy bien se podría traducir el 1:2 de esta forma: "Ahora [esto es, en el momento del principio], la tierra carecía de forma y estaba vacía de habitantes."

Hoy en día, los eruditos en Antiguo Testamento suelen reconocer que Génesis 1:1 funciona como una declaración resumida e introductoria sobre la creación, sobre la cual amplía detalles el resto del capítulo. El versículo no describe a un mundo preadámico, sino que le presenta al lector el mundo que Dios creó sin forma y vacío. Esto es, Dios no creó la tierra con su forma presente de continentes y montañas, ni la creó con gente ya en ella. En los tres primeros días, le dio forma a su creación; en los días del cuarto al sexto, la llenó. El resto de la Biblia mira estos días como creación; no como una re-creación.

Además de esto, los verbos bará, yastar y asá son utilizados en un paralelismo sinónimo en diversos pasajes del Génesis y de otros libros de la Biblia. Debemos ser cautelosos al asignarles un significado ampliamente distinto a estos verbos, simplemente porque está mas de acuerdo con una cierta teoría armonizadora. Además, el termino "llenar" (1:28) no significa "volver a llenar" algo que ya ha estado lleno anteriormente; solamente significa "llenar". También, la palabra "estaba" del versículo dos ("la tierra estaba desordenada y vacía") no se debe traducir como "se convirtió" o "se había vuelto", como sostienen los teóricos de la interrupción.

Por ultimo, la teoría de la interrupción se derrota a sí misma. Al relegar todos los estratos que contienen fósiles al mundo preadámico, con el fin de armonizar Génesis 1 con los datos científicos, elimina toda evidencia de una catástrofe acuática global en los tiempos de Noé. Custance, el defensor más técnico de la teoría de la interrupción en la segunda mitad del siglo veinte, notó esta dificultad y optó por un diluvio local en Mesopotamia y los lugares que la rodean. Sin embargo, Génesis 6:7,13,17; 7:19-23; 8:9,21 y 9:15-16, dicen claramente que el diluvio tuvo una extensión universal.